Familia, rivales y la misma pasión
Los hermanos Diego (27) y Marcelo (24) Melgarejo compartieron el baby fútbol con su primo Ignacio en Ruiz de Montoya y hoy son rivales directos en la Liga de Puerto Rico

El fútbol genera vivencias de todo tipo. Es el deporte que puede unir a una familia y hasta generar rivalidades sanas en el futuro.
Esta historia nos lleva a la pintoresca localidad de Ruiz de Montoya, donde el patio de la casa era el lugar en que rodaba la pelota. Diego Melgarejo (27), su hermano menor Marcelo (24) y el primo de ambos, Ignacio Melgarejo (18), practicaban todo tipo de jueguitos y ‘gallitos’ con la diversión como principal motor.
Ese jueguito fue alimentando las ganas de progresar, por lo que los tres se iniciaron en categorías juveniles en una escuela de fútbol en Jardín América para luego pasar por las inferiores en el equipo local de Asociación Helvecia y llegar en la actualidad a tres diferentes clubes.
Diego juega para el Club Timbó de Jardín América, Marcelo en Atlético Demisiones de Capioví e Ignacio quedó en su suelo natal y viste la camiseta de Atlético Montoya, todos equipos que participan en la Liga Regional de Fútbol de Puerto Rico.
La particularidad es que al mayor de los tres le tocó enfrentarse a su hermano en cuartos de final del actual Torneo Clausura y a su primo en semifinales, o sea en instancias decisivas del campeonato. Primero Diego le ganó la pulseada a su hermano y luego a su primo, siempre sabiendo que la rivalidad queda dentro del rectángulo.
“Juego desde los siete años al fútbol. En casa somos todos futboleros a tal punto que un domingo sin fútbol no es domingo”, se presentó el jugador del Verde que llegó a la final de la Liga de Puerto Rico.
En el Torneo Carlos Culmey disputado en noviembre en Ruiz de Montoya estuvieron los tres representando al municipio que los vio nacer, pero Diego contó que, en la Liga de Puerto Rico ya se enfrentó anteriormente a su hermano y por primera vez compitió contra su primo.
En cuartos de final, la llave para el conjunto jardinense quedó con un global abultado de 9 a 2. Pero en semifinales, la ida en Ruiz de Montoya quedó en empate sin goles y la revancha en Jardín América ganó el local 1 a 0 pasando así a la instancia decisiva. “Jugar contra Montoya para Timbó fue difícil porque sabía que es un equipo fuerte de local, para ganar había que sufrir mucho”, expresó Diego.
Por su parte, Marcelo recordó su infancia junto a su hermano mayor remarcando que “siempre jugábamos a la pelota, afuera y dentro de la cancha”.
Esa unión los vio ahora como contrincantes. En cuartos de final jugaron primero en Capioví y luego en Jardín América.
En la familia se vivió como una llave muy especial, ya que los padres de ambos no sabían para quién alentar. Por eso, en la ida fueron a la tribuna local en suelo capiovicense y en la revancha tocó en la tribuna del dueño de casa cuando el Verde recibió al Tricolor.
“Siempre duele perder un partido y más aún cuando es instancia decisiva y que enfrente esté tu hermano. Pero ahora lo voy a alentar y acompañar en la final, sobre todo al ser un clásico se vienen partidos muy duros”, agregó Marcelo, haciendo referencia a la finalísima que se viene entre Jardín y Timbó, nada menos que el clásico.
Ignacio, el primo de ambos que juega para Montoya, juega desde los cuatro años y se siente cómodo en defensa o mediocampo. “Haber jugado una semifinal fue una experiencia muy linda y difícil. Diego es uno de mis referentes, él me enseñó mucho, pero fue complicado porque los tres somos muy competitivos y en la cancha no hay parientes”, dijo entre risas.
A pesar de estar en distintos clubes, se acompañan siempre, tanto Marcelo como Ignacio remarcaron que van a estar en la tribuna alentando a Diego para que salga campeón.
De hecho Ignacio aseguró que el fútbol es el mayor regalo que le dio la vida. “Sin este deporte siento que no habría sentido. Es una pasión que te pone feliz o triste, incluso el fútbol genera amistades o más bien te regala hermanos, eso es este deporte en resumen para mí”.
El joven tiene un hermano -Rafael Melgarejo (13)- que está en las inferiores del Club Esperanza de Capioví, alguien más en la familia que comparte los sentimientos. “Ojalá un día me toque jugar con él, que sea en el mismo equipo y no como rivales…sería genial”, manifestó.
Fuente : El Territorio